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A Marty Mauser no lo pueden parar. No lo van a parar. El chico de anteojos culo-de-botella, la cara llena de marcas y cuerpo de hurón puede ser una más de los ocho millones de historias en esa ciudad desnuda conocida como Manhattan, alrededor de 1952. Pero se niega a ser apenas otro schlemiel que trabaja en una zapatería. Afortunadamente, tiene un plan. Implica ser el mejor jugador de ping-pong del mundo. Y eso puede significar que deba mendigar, pedir prestado o robar (sobre todo, esto último) para llegar a Londres, al campeonato mundial de la disciplina; la confianza para colarse en el torneo una vez que esté allí; y el talento para llegar lejos. Mauser tiene una oportunidad real de ganar el título. Es su propio fan número uno. Si tan solo no fuera también su peor enemigo…

Imaginate a Rocky, pero con ping-pong en lugar de boxeo, Alexander Portnoy en vez del Potro Italiano y con un pendejo egocéntrico en reemplazo del adorable perdedor. Eso sería más o menos Marty Supreme, un estudio de personajes de Josh Safdie, que también es una historia de éxito estadounidense, aunque algo agrietada. Mauser puede estar vagamente basado en el pentacampeón mundial Marty Reisman, pero tiene mucho más en común con la habitual galería de estafadores, pícaros, criminales y tontos de este cineasta. Ya sea en solitario (ver su debut, de 2008, The Pleasure of Being Robbed) o en tándem con su hermano Benny (Daddy Long Legs, Good Time, Uncut Gems), Safdie se especializa en darles a los perdedores un foco simpático mientras mantiene la historia cruda, áspera y con el ritmo de una maquinaria caótica. El personaje que ha imaginado junto con su coescritor y coeditor Ronald Bronstein podría ser su perdedor más accesible y carismático hasta la fecha. Mauser se reconoce extraordinario; solo falta que los demás se den cuenta.

Por supuesto, ayuda bastante que Safdie se haya rodeado de talento: el director de fotografía Darius Khondji (Seven), el diseñador de producción Jack Fisk (Days of Heaven, There Will Be Blood), la diseñadora de vestuario Miyako Bellizzi, el compositor Daniel “Oneohtrix Point Never” Lopatin. Son leyendas detrás de las cámaras, todos. La banda de sonido incluye melodías propias de la época junto con new wave y post-punk de los ochenta (de Les Paul y Mary Ford a Tears for Fears). Como de costumbre, el escritor-director mezcla no profesionales con un elenco secundario insólito. En serio, ¿podés nombrar otra producción que incluya a Fran Drescher, Tyler, the Creator, Penn Jillette, el cineasta de culto Abel Ferrara, el basquetbolista George Gervin y a Kevin O’Leary de Shark Tank?

Sin embargo, hay alguien que canaliza las obsesiones de Safdie y se destaca por encima del resto. Timothée Chalamet ha interpretado a trovadores y sociópatas, chocolateros y caníbales, figuras mesiánicas y jóvenes prodigio con el corazón roto. No pensarías que un bocón que en realidad es el Michael Jordan del ping-pong sería un papel a su medida, pero resulta que sí. No es difícil creer que su Mauser podría hacer que un compañero vendedor le habilitara la caja fuerte de la zapatería más fácilmente con su labia que con un arma; la lengua de Marty es incluso más agresiva que su saque. Es un aspirante a deportista profesional, pero es un profesional de la estafa.

Por supuesto, este nebbish se abrirá paso tanto en el Ritz como en las sábanas de una estrella de cine en decadencia (Gwyneth Paltrow), conquistará a la prensa –“¡Voy a hacerle a Klutsky lo que Auschwitz no pudo!”. .exclama, refiriéndose a un rival húngaro– y enfurecer al poder. Por supuesto, se negará a rendir pleitesía a un magnate (O’Leary; casualmente, el esposo de la actriz) y luego se humillará ante el magnate para lograr su objetivo. Hará que su vecina casada (Odessa A’zion) quede embarazada y luego la involucrará en sus planes.  ¿Conocés la fábula del escorpión y la rana? Marty es el del aguijón. Todos los demás simplemente están esperando a ser picados.

Chalamet no solo se apoya en las cualidades dudosas de Marty; las convierte en ventajas, presentándolas como el ADN que le permitirá eventualmente lograr lo que quiere. Podés sentir que la estrella de Complete Unknown recurre acá a su propio bagaje: la confianza inherente, que a veces se lee como arrogancia; el esfuerzo, la constante necesidad de ponerse a prueba. La ironía es que este es uno de esos papeles como los primeros trabajos de Pacino o Dustin Hoffman, lleno de tics y vibraciones, como si Chalamet estuviera en constante movimiento incluso cuando está quieto. Y se fusiona tan bien con lo que los espectadores creemos saber sobre Chalamet, que el límite comienza a diluirse de la mejor manera posible.

El que toma las decisiones en Marty Supreme, sin embargo, Josh Safdie, es quien probablemente admitiría identificarse con Mauser. Decir que Marty Supreme es autobiográfico sería exagerar.  Pero la forma en que el director filma esta narrativa altamente cafeinada es extremadamente empática. Tenés que ser medio embaucador para dirigir una película así. Está en el ADN de Safdie tanto como en el de Marty. Ambos terminan campeones a su manera y los espectadores terminamos ganando.



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